La Yaguara: lo que callan las sardinas

Caracas Inaccesible

Veronica Pedraza Diaz

La Yaguara. Entrar al metro de Caracas un viernes de quincena a las ocho de la mañana es un regalo de un Ser Supremo (inserte aquí su creencia religiosa o filosofía de vida).

Voy cual sardina en lata, pero aliviada porque ya estoy rumbo a mi destino, en Zona Rental. Otras dos sardinas a mi lado van conversando en un tono moderado, pero lo suficientemente alto como para que un usuario sin audífonos, como yo, escuche todo lo que iban hablando (me gusta “parar la oreja” en la calle para saber de qué se comenta por ahí, o simplemente soy chismosa, elija usted).

Sardina mujer: cuando yo salí embarazada mi papá hasta ofreció pagarme el aborto, mi mamá fue la que reaccionó mejor, y yo siempre juré que sería al revés. Yo le dije que no, que él no era nadie para disponer de una vida.

Sardina hombre: ¿Tú sabes la bendición que es un hijo? A mi novia también se le ocurrió eso cuando salió embarazada, y yo le pregunté si estaba loca, yo le dije que la apoyaba, y ella igualito seguía pensando en abortar ¡Qué bolas! No le entré a coñazos fue de vaina… (reconozco que sentí alivio al escuchar eso) y ahora ese chamo le cambió la vida a todo el mundo…

Una muchacha embarazada iba sentada frente a ellos y, al escuchar esto, sonrió… Ella no disimuló tan bien como yo que estaba escuchando, pero a ambas nos alegró que los dos pequeños involucrados habían salido bien librados de la primera batalla de su vida: nacer en Venezuela. Estación Zona rental.

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